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El Presupuesto 2027, como el héroe de la mitología, se debate entre más compromisos y menos margen para crecer. Por...

Medio: La voz de tu dinero

El Presupuesto 2027, como el héroe de la mitología, se debate entre más compromisos y menos margen para crecer.

Por Nicolás Domínguez García

En La Odisea, Ulises tuvo que enfrentar uno de los momentos más difíciles de su viaje. De un lado estaba Escila, un monstruo de seis cabezas que devoraba a quienes se acercaban demasiado. Del otro, Caribdis, un enorme remolino capaz de tragarse el barco completo. Ulises sabía que no podía evitar ninguno de los dos peligros. Tenía que pasar entre ellos y, sobre todo, no perder el rumbo.

Cuando reviso el Paquete Económico 2027 encuentro algo parecido. México también está navegando entre dos riesgos. Por un lado, están las pensiones, los programas sociales, las participaciones y el costo de la deuda, gastos que difícilmente pueden reducirse de un año para otro. Por el otro, está algo que me preocupa todavía más: que para cumplir con esos compromisos terminemos sacrificando la inversión y, con ella, el crecimiento futuro.

El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación plantea un Gasto Neto Total de 10.51 billones de pesos y un déficit presupuestario de 1.36 billones.

Diez billones de pesos son muchos. El problema es que una cosa es el tamaño del presupuesto y otra, muy distinta, cuánto queda realmente para decidir.

El gasto federalizado asciende a 3.05 billones de pesos, es decir, 28.66% del presupuesto. En términos sencillos, casi 29 de cada 100 pesos van a participaciones, aportaciones y otros recursos para estados y municipios. Buena parte de ese dinero responde a fórmulas y obligaciones legales. Ya tiene destino.

Vayamos ahora a las pensiones. Las contributivas representan alrededor de 1.84 billones de pesos, 17.31% del gasto total. Si agregamos las principales pensiones no contributivas —Adultos Mayores, Mujeres Bienestar y Personas con Discapacidad— el esfuerzo se acerca a 2.48 billones, aproximadamente 23.33% del presupuesto.

Algunas de esas pensiones también forman parte de los programas sociales, por lo que no podemos agregarlas dos veces. Los programas sociales prioritarios representan aproximadamente 1.03 billones de pesos, alrededor de 9.64% del gasto.

El dato que debería preocuparnos más: el costo financiero

En 2027 estaremos hablando de aproximadamente 1.57 billones de pesos, cerca de 14.81% del presupuesto. El Ramo 24 Deuda Pública representa por sí solo alrededor de 1.31 billones; además están el costo financiero de Pemex, el de CFE y los programas de apoyo a ahorradores y deudores de la banca.

Dicho de otra manera: casi 15 de cada 100 pesos se destinan al costo financiero, mientras menos de 10 de cada 100 van a inversión física. Ahí está una de las partes más delicadas del Paquete Económico.

La inversión total prevista ronda 1.13 billones de pesos, 10.66% del gasto, mientras que la inversión física se acerca a 1.03 billones, aproximadamente 9.66%. Es cierto que la inversión física aumenta en términos reales respecto de 2026 y hay que reconocerlo. Pero también hay que poner las cifras sobre la mesa: estamos destinando más al costo financiero que a construir infraestructura física.

La realidad es que México necesita invertir. Necesitamos agua, carreteras, energía, hospitales, escuelas, ferrocarriles y condiciones para atraer empresas y generar empleos. Si cada año tenemos menos margen para hacerlo, podemos entrar en un círculo complicado: menos inversión, menor crecimiento, menor capacidad futura para recaudar y más presión sobre las finanzas públicas.

De dónde va a salir el dinero

La Iniciativa de Ley de Ingresos estima recursos totales por 10.64 billones de pesos. De esa cantidad, alrededor de 9.16 billones serían ingresos presupuestarios y 1.48 billones provendrían de financiamientos.

Los impuestos aportarían aproximadamente 6.26 billones. Hacienda está apostando a una mayor eficiencia recaudatoria, tecnología, fiscalización, ampliación de la base de contribuyentes y combate a la evasión y elusión.

Hay una cifra que yo seguiría con lupa durante 2027: los aprovechamientos, que ascienden a 329.48 mil millones de pesos. No estoy diciendo que exista algo irregular. No es eso. Lo que digo es que su crecimiento, particularmente en “otros aprovechamientos”, merece seguimiento para conocer cuánto de esos ingresos será recurrente y cuánto tendrá un carácter extraordinario.

Y todavía tenemos una variable que no depende solamente de Hacienda: que la economía realmente crezca.

El escenario oficial coloca el crecimiento de 2027 entre 1.50 y 2.50%, con un punto medio de 2.00%. Para 2026, Hacienda ya redujo su expectativa a un intervalo de 1.00 a 2.00%, cuando originalmente esperaba entre 1.80 y 2.80%.

Para 2027, las estimaciones externas son moderadas: el Fondo Monetario Internacional proyecta 1.90%; la Encuesta Citi, 1.80%; el Banco Mundial, 1.70%; y Banco de México contempla un intervalo de 1.20 a 2.80%.

Si bien no son cifras para anunciar una catástrofe, tampoco son cifras para estar tranquilos. Una economía que crece alrededor de 2% tendrá que financiar compromisos presupuestarios que continúan aumentando.

Finalmente está la deuda. Separemos aquí dos cifras que suelen confundirse. El déficit presupuestario previsto para 2027 es de 1.36 billones de pesos, equivalente a 3.40% del PIB. Pero la medida más amplia del desequilibrio anual son los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP): para 2027 se estiman en 3.90% del PIB, alrededor de 1.54 billones de pesos. Es decir, una cosa es el déficit presupuestario de 1.36 billones y otra los RFSP del año, cercanos a 1.54 billones, porque estos últimos incorporan necesidades de financiamiento adicionales a las estrictamente presupuestarias. Apenas unos meses antes, en los Pre-Criterios, se planteaba llevar los RFSP a 3.50% del PIB. No debe confundirse ninguna de estas dos cifras con el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), que es el saldo acumulado de la deuda amplia y pasaría de aproximadamente 54.00% del PIB en 2026 a 55.00% en 2027.

No creo que México esté frente a un naufragio fiscal, pero tampoco creo que debamos esperar a ver el barco hundiéndose para reconocer que existen riesgos.

Regresemos a Ulises

Escila podía quitarle parte de su tripulación. Caribdis podía tragarse el barco entero. Ulises no tenía una salida perfecta. Tenía que decidir, maniobrar y seguir avanzando.

México enfrenta algo parecido. Nuestra Escila son los compromisos que cada año absorben una mayor parte del presupuesto: pensiones, transferencias y costo de la deuda. Nuestra Caribdis sería tratar de resolver esa presión sacrificando inversión, infraestructura y crecimiento.

Si nos acercamos demasiado a un lado, aumenta la presión sobre déficit y deuda. Si nos vamos demasiado hacia el otro, podemos terminar debilitando aquello que necesitamos precisamente para salir del problema: el crecimiento.

Por eso, el verdadero riesgo del Presupuesto 2027 no es que México se quede mañana sin dinero. Es algo más lento y, quizá por eso, más peligroso: tener cada año un presupuesto más grande, pero menos dinero sobre el cual realmente podamos decidir.

Ulises logró atravesar el estrecho porque entendió los peligros y no perdió el rumbo.

La pregunta es si México sabrá hacer lo mismo: ¿podremos mantener a flote el barco y, al mismo tiempo, conservar suficientes recursos para llegar a algún lado?

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