Navegando las finanzas públicas de 2025: balance del primer año del sexenio
En un entorno de bajo crecimiento y presiones estructurales, el primer año del Gobierno evidenció los retos de avanzar en la consolidación fiscal. A pesar de que el esfuerzo por contener el gasto y fortalecer la recaudación alcanzó un máximo histórico, el déficit cerró por encima de lo previsto. Una economía que redujo su dinamismo […]
En un entorno de bajo crecimiento y presiones estructurales, el primer año del Gobierno evidenció los retos de avanzar en la consolidación fiscal. A pesar de que el esfuerzo por contener el gasto y fortalecer la recaudación alcanzó un máximo histórico, el déficit cerró por encima de lo previsto. Una economía que redujo su dinamismo y mayores apoyos a Petróleos Mexicanos (Pemex) influyeron en ese resultado. Además, el endeudamiento, de por sí alto, se mantuvo en niveles superiores a lo aprobado.
Aún así, la mayor eficiencia recaudatoria permitió sostener recursos en el gasto social prioritario, sobre todo en áreas clave como salud, educación y Estado de derecho. Sin embargo, fue inevitable hacer un ajuste y éste se resintió especialmente en la inversión pública, que cayó a su nivel más bajo en casi dos décadas. Recortar la inversión debilita el desarrollo del país, por lo que habrá consecuencias a largo plazo.
La consolidación fiscal requiere estabilidad financiera, sostener el gasto social e impulsar la inversión productiva. México puede transformar este punto de inflexión en una agenda que equilibre las presiones estructurales y reoriente el gasto hacia proyectos que impulsen productividad y bienestar. Esa visión permitiría no sólo estabilizar las finanzas públicas, sino consolidar un desarrollo incluyente y sostenido.
