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Ojo: fortaleza no es lo mismo que resiliencia. Por eso, revisamos el trasfondo de los 12 datos económicos presentados recientemente por la presidenta. Por Mariana Campos (@mariana_c_v) | Publicada en: El Universal La presidenta presentó recientemente 12 indicadores para sostener que la economía mexicana atraviesa un momento de fortaleza. Entre ellos destacó varios datos económicos positivos que merecen […]

Ojo: fortaleza no es lo mismo que resiliencia. Por eso, revisamos el trasfondo de los 12 datos económicos presentados recientemente por la presidenta.

Por Mariana Campos (@mariana_c_v) | Publicada en: El Universal

La presidenta presentó recientemente 12 indicadores para sostener que la economía mexicana atraviesa un momento de fortaleza. Entre ellos destacó varios datos económicos positivos que merecen reconocerse. Por ejemplo, niveles históricamente bajos de desempleo, récords de inversión extranjera directa, aumentos salariales, reducción de la pobreza laboral, estabilidad financiera y desempeño favorable del sector externo.

No obstante, a partir de ellos, no podemos concluir que la economía mexicana está fortalecida. Mucho menos que se hayan resuelto los problemas estructurales que durante décadas han limitado su crecimiento y desarrollo.

La diferencia es importante. Una economía puede mostrar capacidad para resistir choques externos y, al mismo tiempo, enfrentar debilidades profundas que comprometen su futuro. En otras palabras, resiliencia no es lo mismo que fortaleza estructural.

Por ello vale la pena revisar los 12 argumentos presentados por el Gobierno y preguntarnos qué nos dicen realmente sobre el estado de la economía mexicana.

1. Inversión extranjera directa récord

México captó 23,591 millones de dólares de inversión extranjera directa durante el primer trimestre de 2026: una cifra histórica. Sin embargo, la mayor parte de esos recursos corresponde a reinversión de utilidades de empresas que ya operan en el país. Las nuevas inversiones representan una proporción mucho menor. El dato puede estar reflejando la confianza de quienes ya están aquí, pero no necesariamente una expansión acelerada de nuevos proyectos productivos, como nos gustaría ver en el marco del nearshoring.

Más aún, este resultado contrasta con la debilidad de la inversión fija bruta, que acumula más de un año de deterioro. Una economía verdaderamente fuerte debería observar ambas variables avanzando simultáneamente.

2. Desempleo de apenas 2.5%

México tiene una de las tasas de desempleo más bajas del mundo. Sin embargo, esto no significa necesariamente que exista suficiente empleo de calidad.

Más de la mitad de los trabajadores tiene un trabajo informal, ya sea con un contrato temporal sin las prestaciones legales y sociales que están obligadas en el régimen laboral y/o en empresas que no están formalmente constituidas. El desafío no es únicamente generar empleo, sino generar empleos formales, que suelen estar asociados a mayores niveles de productividad e ingreso para las personas y la economía en su conjunto.

3. Inflación controlada, tasas de interés a la baja y peso fuerte

La estabilidad macroeconómica es una fortaleza histórica de México y constituye un activo valioso que debemos cuidar. Depende del buen desempeño de la política monetaria, fiscal y financiera. Pero estabilidad no es sinónimo de crecimiento. Aunque es una condición necesaria para crecer, no es suficiente.

De hecho, la inflación continúa por encima de la meta permanente del Banco de México. Por otra parte, el fortalecimiento del peso no puede traducirse enteramente como fortaleza de la economía mexicana. Una parte importante de la apreciación del peso ha estado impulsada por factores externos, entre ellos la debilidad global del dólar. Desde principios de 2025, el dólar ha mostrado episodios de debilitamiento frente a varias monedas, no solamente frente al peso.

Además, un peso fortalecido no es la panacea, pues no beneficia a todos. Ha generado presiones sobre exportadores, turismo y receptores de remesas que reciben menos pesos por cada dólar vendido.

4. Precios estables de los combustibles

La estabilidad de precios en los combustibles no es un indicador clásico de fortaleza económica. Puede haber estabilidad en precios de los combustibles y observar niveles bajos de inversión, productividad y crecimiento económico. También puede suceder lo opuesto: no haber estabilidad en los precios y observar niveles altos de inversión, productividad y crecimiento económico.

En un sistema de precios estable como el mexicano, el consumidor puede pagar menos de lo que cuesta la gasolina cuando sube el precio internacional de este combustible, pero cuando baja el precio internacional, este mismo consumidor puede pagar más de lo que cuesta.

La magia no existe. Cuando el petróleo cotiza alto, las gasolinas a menor precio benefician a hogares y empresas. Sin embargo, su abaratamiento artificial puede implicar costos fiscales o subsidios implícitos que los contribuyentes terminan pagando. Por el contrario, cuando el petróleo cotiza bajo, el Gobierno mantiene el precio elevado en gasolinas y la diferencia positiva es un ingreso tipo impuesto. 

5. Menor déficit y mayor recaudación tributaria

La consolidación fiscal es positiva. Después del fuerte deterioro observado en 2024, era indispensable recuperar cierto equilibrio en las finanzas públicas. Sin embargo, esta consolidación ha sido menor a la prometida por el Gobierno. Es por eso que algunas calificadoras han bajado la calificación crediticia o amenazado con que eso puede pasar si dicha consolidación no mejora.

También es importante observar cómo se está logrando. Lamentablemente, la reducción del déficit descansa más en recortes a la inversión pública. Ello ocurre mientras aumentan otros rubros menos productivos del gasto, por lo que el resultado puede ser contraproducente para el crecimiento futuro y eso preocupa a las calificadoras.

6. Deuda pública equivalente al 50.3% del PIB

Comparada con otros países, la deuda mexicana sigue siendo moderada. Sin embargo, no lo es si vemos que México recauda en impuestos una porción muy baja de la economía, alrededor de 17% del producto interno bruto (PIB), mientras que el promedio de América Latina está en 22% del PIB. En Brasil la recaudación es de 32% del PIB.

Aunque México tiene una deuda menor que Brasil (alrededor de 80% del PIB), también tiene una capacidad recaudatoria mucho más limitada. Por eso, comparar sólo el nivel de deuda como porcentaje del PIB puede ser engañoso: la sostenibilidad fiscal depende tanto del monto de la deuda como de la capacidad del Estado para recaudar, crecer y financiar sus obligaciones.

Además, la economía de México ha crecido muy poco desde 2019: en promedio, alrededor de 1%. Es una proporción baja si la comparamos con el promedio de países de Latinoamérica. Una economía que crece poco enfrenta mayores dificultades para estabilizar su deuda. 

7. Exportaciones récord y balanza comercial positiva

La integración con América del Norte sigue siendo sin duda una de las mayores fortalezas económicas del país. En este punto, coincido con la presidenta. Las exportaciones continúan mostrando dinamismo y la balanza comercial registra resultados favorables.

Pero un indicador no es toda la realidad. El desempeño exportador convive con una economía doméstica que crece poco, una inversión debilitada y una productividad estancada desde hace décadas. 

8. Incremento del salario mínimo y reducción de la pobreza laboral

Éste es uno de los avances más importantes de los últimos años y sí es una fortaleza. Aquí tampoco se equivoca nuestra presidenta y estos avances son los que debemos hacer sostenibles. Por eso, es importante matizar: la pobreza laboral mide únicamente si el ingreso proveniente del trabajo sólo permite adquirir la canasta alimentaria. No valora la vulnerabilidad de dicho ingreso, por ejemplo si una persona contrae una enfermedad que la incapacita para trabajar, ¿tiene acceso a un seguro social para recibir una pensión por incapacidad?

La reducción de la pobreza laboral es una buena noticia, pero no significa que se hayan resuelto las condiciones de vulnerabilidad económica que ya deberíamos haber resuelto hace rato.

9. Menor deuda financiera de Pemex

La reducción de algunos pasivos financieros es positiva, pero cuenta una sola parte de la historia. Los activos siguen siendo menores a los pasivos y se han deteriorado, por lo que el patrimonio de la petrolera sigue en negativo.

El problema de fondo no se ha resuelto. Pemex sigue sin ser una empresa rentable y productiva, enfrenta problemas operativos, financieros y de gobernanza. Creo que éste es el punto más alejado de una fortaleza económica; de hecho es todo lo contrario. Pemex no puede sola: continúa dependiendo del respaldo fiscal del Gobierno federal, que a su vez se ha debilitado financieramente. Por este motivo representa uno de los principales riesgos para las finanzas públicas nacionales, señalado así por las calificadoras que coincidieron en deprimir las calificaciones crediticias del Estado mexicano.

10. Nueva legislación para acelerar la inversión pública y mixta

La intención es correcta. México necesita más inversión.

Sin embargo, las inversiones no llegan únicamente porque exista una nueva ley. También requieren certidumbre jurídica, seguridad pública, disponibilidad de energía a precios competitivos, infraestructura adecuada, agua suficiente, talento y confianza en las instituciones.

11. Creación de una Oficina Nacional de Inversiones

Reducir trámites es una política deseable y largamente esperada. Pero igual que el punto anterior, esto todavía no es una fortaleza consolidada. Además, los principales obstáculos a la inversión en México hoy, trascienden la burocracia. La falta de inversión se debe a la desconfianza en la capacidad del Estado para resolver problemas que afectan los retornos de las inversiones: extorsión, incertidumbre regulatoria, debilidad institucional, limitaciones energéticas y disponibilidad de talento especializado.

12. Programas del Bienestar

Las transferencias sociales contribuyen a mejorar el ingreso de millones de hogares y han ayudado a reducir algunas carencias.

Sin embargo, ninguna economía ha sostenido su desarrollo social exclusivamente mediante transferencias. El bienestar duradero requiere crecimiento económico, productividad, inversión, empleo formal y acceso al menos a servicios de salud y educación de calidad.

¿Qué es lo que realmente hace falta?

La verdadera prueba de fortaleza no consiste únicamente en mantener estabilidad o resistir choques externos. Consiste en crecer de manera sostenida, elevar la productividad, atraer nuevas inversiones, reducir la informalidad, fortalecer las instituciones y generar oportunidades para que las familias prosperen por sus propios medios.

México aún tiene una enorme oportunidad frente a sí. La relocalización de cadenas productivas, la integración con Norteamérica y el bono demográfico todavía ofrecen una ventana de desarrollo excepcional. Pero aprovecharla exige reconocer lo que no va bien; que varios desafíos estructurales siguen ahí.

La resiliencia económica es una virtud. Para convertirla en prosperidad se requiere dar fundamento sólido, no sólo narrativo, a la confianza en el futuro de México. Ese es el verdadero activo económico del siglo XXI que hoy nos está haciendo falta. Esa confianza descansa en instituciones de calidad, que den respuesta a los desafíos económicos que aquí he comentado.

 

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Economía Crecimiento Económico Claudia Sheinbaum

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